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El gato doméstico desciende del gato salvaje africano, originario del desierto, y ha heredado de él su sobriedad en el consumo de agua, a pesar de esto necesita tenerla disponible continuamente.

En el gato la sed se relaciona,  principalmente, con el tipo de alimento que consume. Los que se alimentan con comida húmeda (patés y latas), beberán menos de 10 veces al día, mientras que los que comen pienso seco se acercarán a su bebedero entre 10 y 20. Además influyen la temperatura ambiente, edad o estado fisiológico (gatitos, gatas lactantes y gatos geriátricos beben más). También se relaciona con la toma de algunos medicamentos (diuréticos, corticoides...) y la composición de su alimento (más o menos salado).

 Los gatos deben tener siempre a su disposición agua limpia y fresca, cambiándola al menos una o dos veces al día. Al contrario de la creencia popular es mejor darle agua del grifo (si es de calidad aceptable) que agua mineral. Las aguas embotelladas suelen ser ricas en sales minerales y perjudiciales por tanto en animales con cálculos urinarios. Además del tipo de agua es muy importante el recipiente utilizado, que debe estar libre de olores (mejor acero inoxidable, cerámica o cristal, ya que en el plástico los olores se impregnan con más facilidad).

Es importante que controlemos los hábitos de nuestro gato con el agua y si observamos que bebe en exceso y orina en consecuencia, debemos acudir al veterinario ya que  puede ser signo de diabetes, infección, hipertiroidismo...

 

 
 
 

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