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Vamos a hablar de la leishmania.

Es una enfermedad que lleva muchos años causando graves problemas y produciendo muertes en perros del centro y el sur de España. Hasta hace poco, en nuestra zona, no teníamos que preocuparnos especialmente pero hace un par de semanas hice una sustitución en Pontevedra y me encontré con que tuve que tratar un caso. Había oído hablar de casos en Galicia, pero solían ser animales que habían viajado, pudiendo contagiarse en ese momento. En este caso, el perro no se había alejado de Pontevedra más que 10 kilómetros en su vida. Por esto me parece importante tratar el tema. El mosquito se ha instalado en Galicia y debemos tener precaución con nuestras mascotas.

 

La leishmaniosis canina está causada por un protozoo microscópico llamado Leishmania, que se transmite por la picadura de un pequeño insecto: el flebotomo. Es una enfermedad que causa la muerte a la mayoría de perros afectados por ella, que no reciben tratamiento y vigilancia posterior.

El flebotomo hembra es el único que transmite la enfermedad. Cuando pica a un portador, se infecta con el parásito, que desarrolla un ciclo que puede durar entre 4 y 25 días, y tras picar a otro animal este se contagia. Aparece una minúscula lesión dérmica (denominada chancro de inoculación) en el punto de picadura, habitualmente en la nariz o la oreja. Ahí, el parásito coloniza los macrófagos y sufre un cambio morfológico a su forma original redondeada. A medida que el chancro desaparece lentamente, los parásitos se dispersan por la sangre a otros órganos internos.

El período de incubación, en el animal, puede variar entre 3 y 18 meses. De forma excepcional, la enfermedad puede permanecer en latencia durante varios años. Algunos perros son resistentes y, aunque reciban picaduras nunca muestran síntomas de la enfermedad, siempre y cuando estén correctamente alimentados y no estén sometidos a estrés. Esta resistencia, probablemente, está determinada genéticamente.

La temporada de mosquitos comienza con el calor, normalmente en mayo y finaliza en septiembre u octubre si se prolonga el verano. Durante el invierno permanecen en estado de larvas cuaternarias, aunque en las zonas más cálidas de España podemos encontrar mosquitos prácticamente todo el año.

Los síntomas de la leishmaniosis canina no son siempre evidentes. El síntoma clínico más habitual es la pérdida de pelo, sobre todo alrededor de los ojos, orejas y la nariz. Según la enfermedad va avanzando, el perro pierde peso aunque no pierde el apetito. Son habituales las heridas en la piel, especialmente en la cabeza y las patas en las áreas donde el perro está en contacto con el suelo al tumbarse o sentarse y el crecimiento anormal de las uñas (onicogriposis). Cuando el cuadro se vuelve crónico los órganos internos también pueden quedar afectados y, en algunos casos, causa anemia, artritis y una insuficiencia renal grave.

Si observa los síntomas clínicos, lleve su perro a la clínica veterinaria para realizar un análisis con el que determinar la presencia del protozoo o no. Cuanto antes se diagnostique la enfermedad mejor se podrán controlar sus síntomas.

En el caso de un diagnóstico positivo existen fármacos como los compuestos antimoniales. Se aplican mediante inyección y el tratamiento puede durar varias semanas. Además suele recetarse alopurinol por vía oral. El tratamiento es largo y el parásito permanece en el perro hasta el final de su vida, pudiendo tener recaídas posteriores.

Una alimentación inadecuada, el esfuerzo, situaciones de estrés, debilidad o el padecimiento de otros procesos condicionarán la capacidad de respuesta del organismo y actuarán como factores de riesgo para que se produzcan reagudizaciones del proceso. En muy importante mantener al animal afectado en buen estado sanitario y nutricional.

En zonas donde la leishmaniosis es endémica es recomendable el uso de insecticidas tópicos. Existen collares con deltametrina, que deben colocarse al inicio de la temporada de flebotomos, y los spot on con permetrina que deben aplicarse cada cuatro semanas, desde abril hasta noviembre. Además hace unos años apareció una nueva vacuna que puede administrarse a partir de los seis meses de edad. Antes de administrar la vacuna debe someterse al animal a un test para evidenciar que no hay presencia del protozoo. El programa completo de vacunación consiste en tres dosis administradas a intervalos de tres semanas y proporciona una defensa interna prolongada contra la enfermedad. Solo se necesitan revacunaciones anuales para mantener la protección inmunitaria del perro. Debemos saber que, aunque la protección del perro es elevada, nunca está garantizada al 100%.

El pronóstico depende, sobre todo, del estado de la función renal al empezar con el tratamiento. Los pacientes que no padecen insuficiencia renal tienen un 75% de probabilidades de sobrevivir durante más de 4 años con una buena calidad de vida por lo que no debe cundir el pánico aunque no se puede bajar la guardia. Debemos llevar un control adecuado de nuestra mascota, protegiéndola del vector de la enfermedad: el temido flebotomo.

 

 
 
 

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